La inteligencia artificial puede ayudarnos a generar imágenes, resumir información, automatizar tareas o explorar soluciones en muy poco tiempo. Pero cuando intentamos utilizarla de forma precisa aparece un problema recurrente: no siempre interpreta nuestras instrucciones como nosotros esperamos.

En arquitectura esto resulta especialmente evidente. Una pequeña ambigüedad puede traducirse en una ventana que cambia de proporción, una cubierta reinterpretada o una referencia visual que acaba influyendo donde no debería. Leer más